Matar la naturaleza: el aeropuerto de Peña Nieto en Atenco y Texcoco

Sergio Grajales Ventura

 

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Frijolar. Parcela de uso común en el ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Mariana Robles Rendón

La información contenida en este texto proviene fundamentalmente de un estudio elaborado en el año 2001 por el Programa Universitario del Medio Ambiente (PUMA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Dicho estudio se denomina Estudios específicos: Descripciones y predicciones ambientales. Evaluación ambiental comparativa de dos sitios considerados para la ubicación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). A pesar de que estos datos se refieren al proyecto aeroportuario presentado entonces por Vicente Fox, el cual no es exactamente igual –aunque sí muy parecido– al que ha pretendido imponerse durante la administración de Enrique Peña Nieto, nos parece que aporta elementos importantes para entender la magnitud del daño que este megaproyecto ocasionará al medio ambiente, particularmente al agua, al aire, a la tierra y a la flora y fauna de la región.

En lo que respecta al tema de la siembra de especies invasoras de árboles, incluimos información proveniente de un estudio elaborado por la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), denominado Análisis del resolutivo SGPA/DGIRA/DG/09965 del proyecto “Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, S. A. de C. V.” MIA-15EM2014V0044. La UCCS es una organización no lucrativa conformada por científicos del más alto nivel de diversos campos del conocimiento y de distintas instituciones académicas del país, por lo que sus estudios aportan muy sólidos argumentos frente a diversos proyectos y temas de interés nacional[1].

I. Matar el agua: salinidad, bacterias y plomo

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Cuerpos de agua en tierras del ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Sergio Grajales Ventura

De acuerdo con el Programa Universitario de Medio Ambiente (PUMA) de la UNAM, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) y la expansión urbana que traerá consigo significarán un gran incremento de la extracción de agua del acuífero de Texcoco, calculado en aproximadamente 50.5 millones de metros cúbicos por año, 23 veces más que el consumo declarado actualmente por el gobierno federal (2001: 1). Además, aumentarán de manera muy importante la carga de contaminantes, así como los agrietamientos por los cuales dichos contaminantes se pueden filtrar hacia el acuífero, poniendo en grave riesgo el agua potable y la salud de todos los habitantes de las comunidades cercanas.

El incremento en la extracción de agua subterránea ocasionará una mayor deshidratación de la capa arcillosa superficial del suelo (acuitardo), lo cual la hará perder aún más plasticidad, convirtiéndola en un material más quebradizo, generando más grietas y socavones. Esto afecta ya a diversos puntos de la Ciudad de México que presentan inclinación de edificios, hundimiento de puentes, vías del metro, plantas de bombeo, fractura de tuberías de drenaje y de agua potable con fugas muy grandes. Este incremento de los agrietamientos ocasionará que la capa superficial sea más permeable, facilitando la infiltración de contaminantes hacia el acuífero. Si consideramos además que el suelo lacustre presenta baja resistencia al esfuerzo cortante y una baja capacidad de carga, y que la construcción y operación del NAICM significará, entre otras cosas, la construcción de pistas, vías de rodaje y edificios, la sobrecarga del terreno propiciará mayores agrietamientos en la zona y, en consecuencia, mayores vías para la infiltración de contaminantes.

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Cuerpos de agua en tierras del ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Mariana Robles Rendón

Un peligro adicional es el alto riesgo sísmico que existe en la región, pues es muy probable que se generen rupturas de ductos de drenaje e hidrocarburos, lo cual representa un alto riesgo de infiltración hacia el subsuelo y, por tanto, de contaminación del agua potable que consume la población.

Aunado a esto, el aeropuerto implicará la perforación de nuevos pozos profundos que, junto con el incremento de las fracturas profundas, ocasionarán que el agua salada que se encuentra en la capa superficial se filtre hacia el acuífero, contaminando el agua para consumo humano.

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Cuerpos de agua en tierras del ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Sergio Grajalaes Ventura

Actualmente el acuífero de Texcoco presenta algunos problemas de contaminación debido a la extracción de agua potable y a la infiltración de agua residual. Con el nuevo aeropuerto, estos problemas se incrementarán debido a que aumentarán los niveles de salinidad, crecerán contaminantes como los iones de cloruro, se incrementará el contenido de plomo, hierro y manganeso y, finalmente, aumentará la contaminación por bacterias (detectadas ya en algunos pozos como el ramal Peñón Texcoco, Gran Canal y Chiconautla) (PUMA, 2001: 17).

En síntesis, el NAICM no sólo significará un despojo colosal del agua de los pueblos sino también el origen de la contaminación acelerada del vital líquido, lo cual la hará no apta para el consumo humano.

 

II. Matar el aire: gases contaminantes y partículas suspendidas

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Campesinos después de la faena. Ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Mariana Robles Rendón

La expansión de la mancha urbana que acarrearía el NAICM agravaría seriamente el problema de la contaminación atmosférica, impactando negativamente en la salud y la calidad de vida de los habitantes de toda la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), incluidos, por supuesto, los pueblos de Atenco.

El NAICM induciría un gran crecimiento de la población, la cual se asentaría en diversas zonas habitacionales, incluyendo asentamientos irregulares. De igual forma se incrementarán las zonas industriales, comerciales y de servicios. Todo esto, en conjunto, ocasionará un aumento de los problemas de tráfico vehicular pues crecerá el número y extensión de los viajes en transporte público y privado. Este desordenado crecimiento urbano hará que crezca significativamente la emisión de contaminantes, agravando la calidad del aire de la ya de por sí muy contaminada atmósfera de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM).

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Campesinos en tierras de uso común del ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Mariana Robles Rendón

El gas que con mayor frecuencia rebasa los valores permitidos por las normas ambientales es el ozono (O3), aunque también tenemos contaminación por la concentración de partículas y de los gases criterio, es decir, monóxido de carbono (CO), óxidos de nitrógeno (NOx) y bióxido de azufre (SO2). De acuerdo con el Programa Universitario de Medio Ambiente (PUMA) de la UNAM, con la construcción del NAICM la contaminación por la emisión de estos gases y partículas tendería a aumentar y rebasar los límites permisibles por las normas ambientales (2001: 17). Además, dado que el proyecto prácticamente destruiría la zona lacustre, los efectos de esta contaminación serían aún más perniciosos. En consecuencia, un mayor deterioro de la calidad del aire tendrá un impacto muy negativo en la salud y la calidad de vida de los habitantes de esta región y de toda la ZMVM.

El NAICM no sólo contaminará el aire con más gases y partículas suspendidas sino que también alterará significativamente nuestro entorno acústico pues traerá aparejado mucho ruido. La intensidad y la duración de las emisiones sonoras producidas por las aeronaves afectará a un gran número de habitantes. Los pobladores de las colonias del Valle y Narvarte, Eje Central Lázaro Cárdenas, unidad habitacional Kennedy y Bulevar Aeropuerto en el D.F. han sufrido durante años el ruido generado por el actual aeropuerto.

III. Matar la tierra: suelo sellado y erosionado

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Campesinos cosechando frijol. Ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Mariana Robles Rendón

La construcción del NAICM y el crecimiento urbano asociado aumentarán significativamente la superficie sellada con asfalto, concreto u otro tipo de material. Esto incrementará el volumen de agua que, en lugar de filtrarse al acuífero y recargarlo, se escurrirá por esta superficie sellada. Tales escurrimientos provocarán un aumento de la erosión hídrica, es decir, de pérdida de suelo por efecto del agua de lluvia. Las zonas de piedemonte y laderas, que son las que presentan una mayor afectación por erosión hídrica de grado fuerte se verán más afectadas aún. El Programa Universitario de Medio Ambiente (PUMA) de la UNAM calculaba que, en el 2020, el aeropuerto, su crecimiento urbano asociado más el desarrollo tendencial de la población podrían incrementar la superficie sellada en casi 20 000 hectáreas (2001: 18).

A esta superficie sellada y a la erosión hídrica habría que agregar la erosión eólica (la pérdida de suelo por efecto del viento) y la salinización como otros factores que están ocasionando la degradación del suelo en la región. Peor aún, la expansión de la mancha urbana inducirá una mayor deforestación y un creciente abandono de tierras, lo cual agravará la erosión hídrica en las zonas de laderas. Es decir que, en lugar de implementar medidas de conservación y rehabilitación del suelo, se pretende construir un aeropuerto que lo degradará aún más.

IV. Matar las plantas y los animales

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La vida en el antiguo Lago de Texcoco. Ejido de San Cristóbal Nexquipayac,  Atenco. Fotografía: Sergio Grajales Ventura

El nuevo aeropuerto que Peña Nieto quiere construir en las tierras de Atenco y el desarrollo urbano inducido en toda la región no sólo ocasionarán agua que no se podrá beber, aire que no se podrá respirar, suelo que se erosionará y un ruido que no nos dejará en paz, sino también daños irreversibles a los hábitats naturales de una gran diversidad de especies de flora y fauna de la región. El desarrollo urbano inducido produciría incluso un mayor impacto sobre la diversidad de hábitats y especies que el ocasionado directamente por la construcción del aeropuerto.

De acuerdo con el Programa Universitario del Medio Ambiente de la UNAM (PUMA), la construcción del aeropuerto y el desarrollo urbano asociado al mismo impactarán no sólo a superficies de ambientes perturbados (zonas agrícolas, sin vegetación o de pastizal inducido o con asentamientos humanos), sino también a superficies con vegetación natural remanente, la cual está constituida por pastizal halófito en las partes más bajas y matorrales xerófitos y bosques de encino en las lomas y cerros circundantes. Además, la construcción del NAICM afectaría a los cuerpos de agua estacionales y, por tanto, a las especies que lo habitan (2001: 68-70).

Este megaproyecto vendría prácticamente a aniquilar el ya de por sí muy deteriorado ambiente de esta zona de la Cuenca de México. Aunque con una vegetación muy alterada y con ambientes perturbados, aún posee una alta diversidad de fauna y flora, llegando a las 1,201 especies, de las cuales 334 son endémicas a México y 15 se encuentran en riesgo de extinción (PUMA, 2001: 67).

Charcos en las tierras de uso común. Ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. 2014. Fotografía: Sergio Grajales

Campesinos en tierras del ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Sergio Grajales Ventura

Se estima que en la zona existe un total de 963 especies de plantas vasculares, 34% de las cuales son endémicas a México y 1.9% tienen una distribución restringida a la Cuenca de México. Además, se ha registrado la presencia de dos especies raras y una bajo protección especial (PUMA, 2001: 68).

Respecto a los vertebrados terrestres el Programa Universitario del Medio Ambiente de la UNAM (PUMA) estimaba que en el 2001 existía un total de 238 especies (29 mamíferos, 190 aves, 8 reptiles, 8 anfibios y 3 peces), de las cuales el 2.9% eran consideradas endémicas a México y 15 (11 aves, 2 reptiles y 2 peces) se encontraban en peligro o amenazadas de extinción (PUMA, 2001: 68-69). Además reconocía 98 especies de aves acuáticas (migratorias o residentes), 8 de las cuales eran consideradas de importancia biológica, 16 estaban representadas por poblaciones numerosas y 4 estaban señaladas como de importancia biológica (PUMA, 2001: 68-69).

Por si todo lo anterior fuera poco, según el gobierno, para “compensar” las afectaciones derivadas del cambio de uso de suelo para la construcción del aeropuerto, pretende sembrar miles de árboles pertenecientes a cinco especies. Sin embargo, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) afirma que cuatro de esas cinco especies están consideradas en muchos estudios como exóticas invasoras, pues generan efectos nocivos sobre la flora y fauna nativas y, por tanto, pueden ocasionar graves impactos ambientales a mediano y largo plazo para los ecosistemas del Valle de México, por lo que “su siembra debe de ser evitada sin excepción alguna dentro del territorio mexicano” (UCCS, 2015: 3-5).

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Cuerpos de agua en las tierras del ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Sergio Grajales Ventura

Por ejemplo, en el caso del pino salado (Tamarix spp.) se ha demostrado que impide la germinación y crecimiento de las especies nativas debido a que aumenta la salinidad del suelo. Junto con la Tamarix aphyla, incrementan la frecuencia de incendios porque las hojas secas que se acumulan en el suelo son muy inflamables y, por si fuera poco, promueven la desecación de los cuerpos de agua y el descenso del nivel freático más allá del alcance de las especies nativas debido a que transpiran grandes cantidades de agua. Por su parte, la Casuarina equisetifolia es considerada una de las peores plagas en los humedales debido a su alta tasa de reproducción y crecimiento, lo cual le permite desplazar a las especies nativas, eliminando los beneficios de refugio, alimentación y microambiente que éstas aportan a la fauna local (UCCS, 2015: 4-5).

Por todo lo anterior, la UCCS considera “completamente inaceptable que el resolutivo emitido por la DGIRA [Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT)] no mencione ni tome en cuenta la gravedad de la introducción de especies invasoras y además apruebe su siembra sin condicionantes como medida de compensación a la construcción del aeropuerto” (2015: 5).

Tal y como lo hizo Vicente Fox en su momento, Enrique Peña Nieto ha presentado su proyecto aeroportuario como “ecológico” y “sustentable”. Sin embargo, los datos proporcionados por la UNAM –y también por la Unión de Científicos Comprometidos por la Sociedad– desmienten tal cosa, pues lo que es evidente es que semejante megaproyecto ocasionará daños irreversibles a los hábitats naturales de la región y, en consecuencia, a las especies de flora y fauna que los habitan. Más aún, los datos aquí expuestos demuestran que el negocio del presidente saliente, Enrique Peña Nieto y sus amigos contratistas contaminará gravemente el agua, el aire y la tierra de toda la región y no sólo de los pueblos de Atenco y Texcoco, ocasionando a sus habitantes condiciones de vida mucho más precarias que las que actualmente padecen y que, si no hacemos nada por evitarlo, terminarán por expulsarlos de sus ancestrales territorios.

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Chapulines. Ejido de San Cristóbal Nexquipayac, Atenco. Fotografía: Mariana Robles Rendón

Materiales citados

  • Programa Universitario de Medio Ambiente (PUMA), UNAM, 2001. Estudios específicos: Descripciones y predicciones ambientales. Evaluación ambiental comparativa de dos sitios considerados para la ubicación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM).
  • Córdova-Tapia F., Straffon-Díaz A., Ortiz-Haro G. A., Levy-Gálvez K., Arellano-Aguilar O., Ayala Azcárraga C., Zambrano L., Sánchez-Ochoa D. J. y Acosta-Sinencio S. D. 2015. Análisis del resolutivo SGPA/DGIRA/DG/09965 del proyecto “Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, S. A. de C. V.” MIA-15EM2014V0044. Grupo de Análisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad. México.

 

[1] Para mayor información respecto de la UCCS consultar su página electrónica (http://www.uccs.mx/), en donde también se puede descargar el estudio mencionado.

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