Aprender de la historia o luchar contra la naturaleza: el problema histórico de las inundaciones en el Valle de México

Mariana Robles Rendón

El problema de las inundaciones en lo que hoy llamamos Valle de México, es un problema antiguo. Ya desde la época en que este lugar estaba poblado por los mexicas, se tuvo que desarrollar toda una ingeniería hidráulica para establecer la capital del imperio sobre el agua. De manera destacada, las obras de ingeniería que diseñó y desarrolló nuestro abuelo Nezahualcóyotl —especialmente lo que conocemos como el “albarradón de Nezahualcóyotl”—, lograron prevenir inundaciones en la gran Tenochtitlan así como evitar que se mezclaran las aguas saladas del Lago de Texcoco con las aguas dulces de los demás lagos. En la figura 1 de este artículo, se puede observar un mapa que ilustra lo que se estima eran las dimensiones de la Cuenca de México en 1519, a la llegada de los españoles. Ahí puede apreciarse dónde se encontraba esta albarrada, así como otros diques y calzadas.

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Figura 1

A partir de diversos estudios históricos y arqueológicos, hoy puede constatarse que el famoso albarradón fue el más grande e importante dique dentro de un complejo y eficaz sistema de control del agua de los lagos de la Cuenca de México (en efecto, ¡es una cuenca, no un valle!). Este albarradón era tan importante, que incluso aparece en algunos de los primeros mapas de la región, elaborados en el siglo XVI por personajes como el conquistador Hernán Cortés.

Convivir con el lago o extinguirlo

Como hemos dicho, las inundaciones siempre han sido una amenaza para los habitantes de esta región, sin embargo, los esfuerzos por atender este problema y las “soluciones” que a lo largo de la historia se buscaron, fueron cambiando mucho con el paso del tiempo y con la llegada de otras culturas y formas de vida a este territorio.

Con la conquista española se inauguró una nueva forma de gestión del agua en la antigua Tenochtitlan: si bien los pobladores originarios de estas tierras —y estas aguas— idearon mecanismos de control de los lagos, pronto los españoles buscaron medidas más bien encaminadas a sacar el agua de la cuenca, lo que significó, a largo plazo, desaparecer el lago. En el fondo, estas diferencias expresaban muy bien que las formas de relación con la naturaleza eran muy distintas y distantes entre unos y otros. Así, a poco más de 50 años de dominio español, en 1607, la hoy Ciudad de México sufrió una serie de inundaciones de proporciones mayúsculas, que duraron meses.

Al ser una cuenca cerrada, la única “salida” del agua era por absorción y por evaporación. Así, los ingenieros de la Nueva España decidieron construir una salida artificial para el agua, es decir, abrir un canal. A esta obra se le conoce como “tajo de Nochistongo”. Concluir esta obra tomó casi doscientos años, periodo en que hubo muchas inundaciones más. Sobre todo hay registro de una que duró 6 años, entre 1629 y 1635, en la que se estima que murieron al rededor de 30 000 personas y otro tanto abandonó la ciudad. Esta catástrofe fue tan grande, que se pensó seriamente en trasladar la capital a otro lugar “más seco”.

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Zócalo de la Ciudad de México cubierto de agua. Fotografía tomada de http://www.excélsior.com.mx

En 1866 se inició otra obra determinante para el desecamiento de la cuenca: el “Gran Canal” o “Canal del Desagüe”. Este canal iniciaba en el lago de Texcoco y culminaba con el túnel de Tequixquiac. Así, este canal fue la segunda salida artificial para el agua de la Cuenca de México y fue terminado en el año 1900. Con estas dos obras enormes, se pensó que se había resuelto definitivamente el problema de las inundaciones de la ciudad. Pero no pudieron estar más equivocados.

¿Podemos luchar contra el lago?

El sistema de drenajes construido a lo largo de 300 años funcionó más o menos bien, hasta 1925. Apenas 25 años después de concluir estas obras, se presentaron nuevamente inundaciones de gran magnitud. En ese entonces, al problema de las inundaciones se añadió la preocupación que produjo constatar con toda certeza, por primera vez, que la ciudad efectivamente se estaba hundiendo. La explicación científica del fenómeno del hundimiento y su relación con la extracción del agua del subsuelo, la dio el doctor Nabor Carrillo, en 1947.

Curiosamente, resolver el problema de las inundaciones nunca implicó plantearse como necesidad obvia y urgente detener el crecimiento de la ciudad; al contrario, se obligó a la ciudad a crecer sobre un casi extinto lago, al que se le fue comprimiendo cada vez más a favor del concreto y la expansión urbana. Así, entre 1940 y 1960 las inundaciones continuaron. En 1951 se vivió una de las más fuertes, durante la cual se estima que dos terceras partes de la ciudad estuvieron por meses llenas de agua y lodo.

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Centro de la Ciudad de México, durante la inundación de 1951. Fotografía tomada de http://www.excélsior.com.mx

Pero, dicen algunos, “el territorio tiene memoria”, y parece que de manera constante este territorio nuestro recuerda —y nos recuerda— su vocación de lago, su antiguo esplendor acuático, su ser ese cristalino espejo de agua al que tanto escribió el rey poeta, Nezahualcóyotl.

Lamentablemente, a diferencia del territorio, los seres humanos parecemos olvidar con mucha rapidez. Por eso, es importante esforzarnos por entender lo que la historia parece decirnos. Valdría la pena preguntarnos, por ejemplo, si queremos —de verdad— seguir luchando contra el agua, construir un aeropuerto sobre el lecho de un majestuoso lago y con ello seguir expandiendo la Ciudad de México, en permanente riesgo de inundación y al borde del colapso. Preguntarnos, además, si podemos hacer todo esto sin que la historia, la naturaleza, el destino, o simplemente nuestra falta de memoria nos muestren las adversas consecuencias de todos nuestros olvidos. Y tú, ¿qué piensas?

 

Materiales consultados:

•Aguilar, Ernesto/ Aparicio, Javier/Gutiérrez, Alfonso (2007) Sistema de drenaje principal de la Ciudad de México. Gaceta del IMTA, https://www.imta.gob.mx/gaceta/anteriores/g04-08-2007/sistema-drenaje-mexico.htmlDomínguez Mora,
•Ramón. (2000) Las Inundaciones en la Ciudad de México. Problemática y Alternativas de Solución. En Revista digital universitaria, http://www.revista.unam.mx/vol.1/num2/proyec1/
•Paramo, Arturo (2014) Inundación histórica en la Ciudad de México, Excélsior, http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2014/07/13/970607

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